Técnicas de Liberación Emocional

¡Qué valiosa es una madre!

 

 ¿Sabías que nadie tiene más influencia y juega el papel más importante en la tierra que una mamá? Ninguna figura política, militar, educativa o religiosa se puede comparar con el impacto que tiene una madre.
Todos sabemos eso en nuestra mente pero no siempre lo transferimos a nuestro corazón. Si fuiste bendecido con una buena mamá; cosecharás los beneficios por el resto de tu vida.  Si fuiste descuidado o abandonado; muchas de tus heridas jamás podrán borrarse. Para bien o para mal, la marca de una madre es permanente.
Desafortunadamente, cada año el rol más hermoso, maravilloso y significativo (el rol de mamá) es atacado y menospreciado por nuestra cultura. Muchos afirman que ser ‘ama de casa’ o ‘mamá’ no es una ocupación.
Hay algo enfermizo en nuestra sociedad cuando tomamos el papel más vital y lo reducimos a una celebración de un día del año.
Me gustaría mostrarte por qué nadie lo hace mejor que mamá al reflexionar en el siguiente poema…

Cuando pensabas que no te miraba
“Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo colgabas mi primer dibujo en la nevera e inmediatamente quise hacer otro.
Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo alimentabas a un gatito perdido y aprendí que es bueno portarse bien con los animales.
Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo hacías mi pastel favorito y aprendí que las pequeñas cosas pueden ser las más especiales.
Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo preparabas comida y se la llevabas a una amiga enferma y aprendí que tenemos que ayudarnos los unos a los otros.
Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo ofrecías tu dinero y tu tiempo para ayudar a gente que no tenía nada y aprendí que los que tienen algo deben compartir con los que carecen de todo.
Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo me dabas un beso de buenas noches y me sentí querido y seguro.
Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo cuidabas de la casa y de los que vivimos en ella y aprendí que tenemos que cuidar de lo que se nos da.
Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo asumías tus responsabilidades, incluso cuando no te encontrabas bien, y aprendí que cuando fuera mayor sería responsable.
Cuando pensabas que no te miraba, vi lágrimas en tus ojos y aprendí que a veces las cosas duelen, pero que se puede llorar.
Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo te preocupabas por mí y quise llegar a ser todo lo que pudiera ser.
Cuando pensabas que no te miraba, vi cómo orabas y aprendí que hay un Dios al que siempre puedo hablarle.
Cuando pensabas que no te miraba, ¡vi! y quería decirte “gracias por todas las cosas que vi cuando pensabas que no te miraba”.

¡Qué valiosa es una madre!